30 junio 2009

Cuesta del Cielo. Nerja



Era un día tranquilo de invierno, por Navidad, cuando subí por primera vez al pico de la Cuesta del Cielo. Hace de esto unos cuantos años. Los caminos estaban perdidos o lo que es más seguro, a casi nadie se le había ocurrido subir a lo alto del Cielo.
En esa época cuando te veían subir y bajar por esos pechos, la gente de los cortijos se escondían al acercarte a ellos. No podían comprender que alguien, sin motivo de trabajo alguno, caminase por la montaña. A la sierra se subía de furtivo tras las cabras monteses, a coger esparto, sacar leña, hacer carbón, buscar caracoles o palmitos, pero por amor al arte, no lo podían creer. Te tomaban por loco, y no se fiaban.
Recuerdo como si fuera hoy, el día en que nos acercábamos a los Colmenarejos. Habíamos visto, de lejos, a la gente del cortijo trajinar por la puerta de la casa y al llegar, parecía que estuviese abandonado. A voces, Frasquito, que me acompañaba, fue llamando por su nombre a los caseros y fueron apareciendo poco a poco, como de ultratumba. No podían imaginar que alguien fuese de paso a los Colmenarejos, que se encuentra aislado en la cara Este, cerca de la cumbre de la Cuesta del Cielo, y mucho menos por el gusto de dar un paseo por la sierra.
Bueno, a lo que íbamos. El día de mi primera subida al Alto del Cielo, lo hacíamos Antonio Carrillo (q.e.p.d ), Miguel “El Rubico” y Miguel “ El de la Plana” que suscribe. Después de ascender a pecho descubierto un denso pinar (para algo teníamos unos quince años), dimos vista a unas llanadas donde encontramos a Alonso “ El de la Civila”, que guardaba sus cabras por esos pagos. Fue la primera vez que conocí la hospitalidad. Alonso nos invitó al cortijo, donde su madre nos convidó a tomarnos unos churros, que ella misma había hecho, acompañado de una taza de leche de cabra recién hervida. El churro era una masa enorme de harina frita, que no sabía como tragar, pero te lo ofrecían con tal cariño, que me supo a poco.
Estuvimos un rato sentados. Eran de poco hablar, pero, nos preguntaron el motivo de aparecer por “La Civila”. Según ellos, era la primera vez que unos jóvenes llegaban por el cortijo para subir a lo alto del Cielo, sin ningún otro motivo aparente.
A partir de “La Civila” se perdía el pinar y la pendiente, monte a través, era más fuerte; poco a poco, “llaneando” llegamos a la cumbre. Ese día descubrí lo grande que era la mar. Desde Este a Oeste mirando al Sur todo era agua y la tierra parecía reducirse al pie de la montaña, con Nerja en la costa y la Maroma muy blanca, en el horizonte de poniente.
Para los interesados puedo explicar, que la cumbre, a 1508 m. y 6 Km. del mar, domina desde el cabo Sacratif y delta del Guadalfeo en Motril (Granada) hasta la punta de Calaburras en Mijas (Málaga), con las montañas africanas muy lejos al frente.

Fotografía: Cuesta del Cielo. Nerja.

25 junio 2009

Enriqueta




Transcurría la primera quincena de mes de enero del 1885, cuando Las Pachecas asomadas al balcón de su vivienda, que daba al paseo de La Batería, dejaron entrever los tobillos al paso de su majestad el rey D. Alfonso Xll.
El escándalo fue de tal envergadura que ayer, mi madre, volvió a recordar la historia cuando se dejó fotografiar con el Rey en el Balcón de Europa. Mi abuela le contaba, que el rey se interesó por las dos señoritas del balcón, y en la recepción posterior en el ayuntamiento, requirió su presencia para verlas más de cerca. La historia no llegó a mayores, el rey tenía unas jornadas de duros viajes, en 10 días, del 10 al 20 de enero iba a recorrer las comarcas del Temple en Granada y la Axarquía en Málaga, y aunque era conocida por el pueblo la querencia de su rey por el sexo opuesto, en este caso sólo quedó el gran escándalo de unos tobillos femeninos en el balcón de una casa.

Para los interesados haremos un poco de historia :
El 25 de diciembre del 1884, se activó la falla de Alhama, y el terremoto originado afectó con especial dureza al Temple y a la Axarquía en las dos vertientes de las sierras Tejeda y Almijara.
En la comarca de Alhama, el pueblo de Arenas fue arrasado completamente, siendo levantado de nuevo por el auxilio real y desde entonces se nombra Arenas del Rey.
Santa Cruz recibió la ayuda de los comerciantes de Madrid y ahora es Santa Cruz del Comercio.
En Frigiliana la piedra al pie del castillo, rodó pendiente abajo arrastrando a los vecinos de varias viviendas. En Nerja los daños personales fueron mínimos, pero los materiales si fueron de gran envergadura.
A causa de tales destrozos se organizó la visita real a la zona para los días de enero del 1885, y de todos es conocida la falsa leyenda de que en su visita a Nerja, propuso el nombre de Balcón de Europa al paseo de La Batería, que había sido un fuerte provisto de cañones hasta que los ingleses los tiraron al mar en la guerra de la Independencia, con la excusa de defendernos del francés, y a la vez dejar sin defensa todos los fuertes cercanos a Gibraltar.

Hoy Enriqueta, a sus 95 años, recuerda muy bien la historia real de Las Pachecas, al fotografiarse con la estatua de Alfonso Xll en el Balcón de Europa de Nerja.

Fotografía: Enriqueta, Balcón de Europa. Nerja.

24 junio 2009

Acantilados de Maro. Nerja




Tenían buen acopio de paja para hacer una gran ahumada en las torres del Pino y del río La Miel. La rehala recogida en la playa de Las Alberquillas, que eran más de doscientas cabezas de ganado lanar, y preparadas las 42 arrobas de vellón, pero el día amaneció con un taró que no se veía ni la linea que separa la tierra de la mar.
Era imposible avistar al barco del Turco y de nada servía prender la paja con esa niebla que había traído la calma de levante.
Hernando El Darra tenía acordado con su alférez Martín Alguacil, que tuviese listo el ganado y el vellón para el 23 de junio, día en que los cristianos viejos estarían preparando las fiestas de San Juan. Una galera de Berbería acercaría a la playa del Cañuelo las picas y arcabuces que estaban estipuladas pagar con ganado y el vellón de los mejores carneros de la Axarquía.
Reinando en Castilla el infausto Felipe ll, en las Alpujarras el noble Aben Umeya, y en la Axarquía el valiente Hernado el Darra, el día 23 de junio del año del Señor de 1569, en los acantilados de Maro no ocurrió nada. Ni apareció la galera, ni Aben Umeya tuvo sus armas, ni Martín Alguacil pudo embarcar el ganado.
Bueno, sí es necesario aclarar que esa noche, Elvira bajó a la playa a mojarse siete veces la cara. Aún no había perdido las esperanzas de que algún cristiano, aunque fuese nuevo, hablase con su padre.

Fotografía: Acantilados de Maro. Nerja.

18 junio 2009

Romería de San Antonio. Piedra



Los críos miran el quiosco deslumbrados por el colorido, no saben bien que juguete elegir, si las pistolas con las esposas, para jugar a policía y ladrones, o los rifles de vaqueros.
¿Jugarán los niños a policías y ladrones? o ya están todos los días con las maquinitas de marcianos. Aquellas películas de ”vaqueros”, con el “muchacho” luchando él solo contra los malos, ¿levantan del asiento con el cuerpo en tensión a los niños de hoy? Me parece que ya no hay películas del “oeste”. Creo que no queda ningún Búfalo Bill corriendo por las praderas perseguido por los indios. Los indios han montados casinos y no necesitan defenderse del hombre blanco.
Es cierto, había pieles rojas, hombres blancos, fuertes y la caballería montada, para que más tarde repitiésemos las aventuras por las esquinas de las calles desiertas de coches.
Otros días el problema era elegir a los ladrones, todos los amigos querían hacer de policía, menos Manolito, a él no le importaba hacer de ladrón para que rápidamente lo encerrasen en la cárcel y poder jugar tranquilo con las niñas “a casita”. Le gustaba hacer de padre, pero un padre bonachón que no se molestaba con las jugarretas a que lo sometían sus compañeras.

La señora no pierde la esperanza, piensa que aún, por algún rincón, tienen que quedar críos que se ilusionen con sus juguetes. Mira tranquila, a ver si se animan y suben la rampa frente al quiosco. Sabe esperar, conoce a su clientela y la experiencia le dice que si se acercan un poco más acabaran comprando alguna chuchería.
Hoy lo puso guapo y ordenado, a la derecha los juguetes de crío y a la izquierda los de jugar a casita, lo tiene muy claro. Lo de “unisex” es un modismo que no va con ella.
San Antonio es una fiesta que le trae recuerdos de otra época, cuando venía con su Juan y en los tres días de romería tenían tiempo de dar una vuelta por los caminos que dan al río. Un río de arena blanca, con sauces y robles en la orilla, donde la sombra buen cobijo daba. Bueno, los años han pasado y cada día trae su querer, no es plan de querer vivir dos veces la mocedad.

Fotografía: romería de San Antonio, Piedra. LLanes.

07 junio 2009

Hayedo de Ventaniella



¿Se puede explicar el color de la luz? ¿Podemos describir la naturaleza del aire? ¿Es posible narrar el alma de un bosque?
Luz, aire, espacio, silencio, color y tiempo. Esta luz entreverada, con un tono verde suave, tan tenue que parece delicada, como a punto de romperse. El contraste de los troncos pálidos, manchados de negro-verde, mimetizados para provocar la mínima atención ante el fondo amarillo-verdoso. La superficie del suelo adivinada bajo el manto leve de la hierba. Las hojas, verdes brillantes, flotando entre dos aires, el que se eleva en las copas y el más húmedo junto al suelo.
Es el hayedo, arboles y árboles, altos, grandes, fuertes, que se pierden en el horizonte y saben rectificar el deslizamiento del suelo, buscando la verticalidad hacia el cielo. Ninguno destaca, tienen la emoción del conjunto, un canto coral a la belleza de la luz matizada.
He caminado entre árboles solitarios por las cumbres de Almijara, árboles endurecidos por su lucha contra la nieve y la ventisca. Tienen un aire solemne, son supervivientes de una raza milenaria y muestran con orgullo sus heridas en las ramas. Muchas veces me he acercado a ellos y he acariciado su tronco, animándoles en la batalla.
En los árboles de Ventaniella, la sensación es distinta, aquí no sobresale un árbol, la relación es con el bosque. Al caminar entre ellos, te van trasmitiendo su fuerza para tu andadura por otros senderos de la vida; se ven tan sobrados de ella, que no duele tomar prestado su aliento.
Pero en ambos casos el sentimiento es parecido.
¿Se puede comparar el cante por soleá, con el canto de un coro? Los dos ponen el vello de punta, y la emoción llega igual de profunda.
Algo parecido ocurre con los árboles del puerto de la Ventosilla, (Parque Natural de Almijara) y los del puerto de Ventaniella, (Parque Natural de Ponga).
Animo a los amigos que conozcan los dos Parques Naturales y comparen su belleza.

Fotografía: hayedo de Ventaniella, (Parque Natural de Ponga). Asturias.

05 junio 2009

Entrevero del caballero don Blas de Quero

:
A Espuma


Una mañana de orballo, el caballero don Blas de Quero, cabalgaba su caballo en el puerto de Ventaniella, hayedo donde lo hubiera.
Corría tras el ciervo, horas llevaba, vueltas y vueltas iba dando, el bosque oscuro quedaba. La niebla, taró pareciera y a la presente sólo un mal búho encontrara.
Las fatigas le venían, cuando a lo lejos divisó una casería. No podía creer lo que viera: una ermita con espadaña. Seguro que ermitaño tendría y aunque malo, un lecho le aguardara.
Descabalgó de su caballo y quedóse quedo junto al castaño, con las riendas en mano, sin saber si dejarlo o seguir con él caminando.
Al acercarse despacio, vio en la puerta a una dueña rubia y esbelta, llamando por su nombre una a una a las pitinas, ninguna olvidara, que rápido acudían por su ración de comida, hasta el gallo acudió, ese día, sin otrora ser convocado.
Olvidóse de la ermita y de su espadaña, y en otras cosas ya pensaba. Contento, aceleró el paso y al mirar de soslayo se dijo ¿Será cierto? ¿será doña Olalla? ¿Será el ama que me amamantara?
Entre dudas y resquemores, don Blas acudía presto a la casería, por ver de cerca a la que el seso ya le sorbía.
Pronto salió de su error, la dueña era más joven que su ama, no había ermita, ni ermitaño, ni espadaña, pero la cabaña buen refugio le dara.

Fotografía: Ventaniella, Ponga (Asturias).

02 junio 2009

Hórreo del Cuetu del Pozo



El falo recorta el perfil de la montaña, un canto a voces a la fertilidad de la tierra, que provee del maíz y la patata. Se mantiene erguido a pesar de los años transcurridos, ha conocido tiempos de penuria y otros de abundancia; ha visto muchas veces la sierra blanca, cubierta de nieves tardías que dejaban la patata negra, por las heladas. A cambio también vivió veranos en que el maíz granaba en toda la mazorca y daba para la casa, después de alimentar a los cerdos antes de su San Martín.

El hórreo, como día destacable, recuerda muy bien aquel en que don Blas de Posada, llegó a Piedra buscando provisiones para su partida. El 24 de Mayo habían tocado a rebato las campanas de Oviedo, levantando al pueblo contra el francés y el 30 del mismo mes del 1808, se presentó don Blas en Piedra.
El día había amanecido espléndido, más bien pareciese tiempo de verano que de primavera; cuando llegó la partida, el sol calentaba ya como en el estío.
Doña Olalla de Balmori estaba en casa y pudo poner en antecedentes a don Blas. Las provisiones del hórreo eran comunitarias, todo vecino del “barrio encima” tenía parte en ellas, así que no había más remedio que llamar a concejo. Rápidamente se tocó a campana y todos se reunieron en la escuela que hacía las veces de casa del pueblo.
Se acordó que don Blas se llevase el 20 por ciento de las provisiones de cada vecino y el 40 de los bienes privativos de don Venancio Villanueva propietario del hórreo, dejando aparte dos fanegas de patatas para la próxima sementera.
Los caballos serían entregados a cuenta de bonos del ayuntamiento de Llanes, reintegrables en trabajo comunitario en caso de necesidad; y el resto del ganado de pezuña sería retirado por don Blas según que las necesidades de la guerra lo fuesen requiriendo.
El acuerdo fue rubricado en una parte por don Venancio Villanueva, como mayor propietario y alcalde pedáneo y en la otra, por don Blas de Posada, siendo ejecutable esa misma tarde del 30 de Mayo del año de gracia de 1808.

Hoy el hórreo mantiene su carácter comunitario por gracia de sus actuales propietarios y sigue mirando a la sierra de Llabres con orgullo.

Fotografía: hórreo del Cuetu del Pozo, Piedra (Llanes).

29 mayo 2009

El halcón de San Martín


El halcón peregrino otea el mar, se sorprende por el ritmo incansable de las olas, que unas veces se preparan extendiendo un manto de espuma blanca, como pidiendo permiso a la arena para poder llegar a tierra, y otras, directamente, se acercan a las rocas levantando al cielo la blancura, haciendo exhibición de su fortaleza.

El peregrino ha dejado un momento la tierra a los caminantes de Santiago, se asoma a la mar, reconoce que está bella, ni enfurecida a lo bravo, ni vencida impotente ante la inmovilidad del acantilado. Hoy parece querer hacer las paces con el arenal y extiende lentamente el agua a sus pies sin osadía, sin molestar.

El ave no levanta el vuelo, no necesita elevarse para guardar su territorio, tranquila, se sabe dueña del espacio entre el mar y la tierra, nadie le disputa su reino. Vendrán otros días en que otros “pájaros de ciudad” querrán compartir tanta belleza y no tendrá más remedio que refugiarse en sus cuarteles de verano, allá en lo más alto de la sierra, pero ahora la playa está desierta.

Fotografía: arenal de San Martín (Llanes).

27 mayo 2009

Paseo a Gulpiyuri

El hombre con su guadaña mantiene recta la linea del tajo, a un lado la hierba verde, orgullosa, con su limpio ondear al viento; al otro la yerba ya cortada, rendida al pie, con el color apagado.
La linea divisoria del trabajo realizado se pierde a lo lejos en el horizonte de la colina. El hombre indiferente ante la magnitud de la tarea, sigue su trabajo; de vez en vez levanta la guadaña y vacía su filo con la piedra de amolar, es el único momento que parece descansar al cambiar de postura, no por dejar de trabajar.

Buenas, saluda el caminante
Buenas, responde el segador, siguiendo el ritmo de su trabajo.

El caminante busca la playa sin mar, no tiene otra tarea sino pasear y le da fatiga ver trabajar de esa manera, como de otra época anterior a las máquinas. Sigue su camino y pronto encuentra a dos mujeres arando con una mula mecánica, tan pequeña que no tiene fuerza para levantar la tierra. Mientras la mayor empuja, la menor tira de la máquina con una cuerda. Poco a poco va cambiando el color de la parcela, quedando lista para la sementera.
El caminante conoce a la joven y esta le dice:

Aquí trabajando como una mula.

No sabe que responder y al fin

Bueno, otro día será más fácil la tarea.

El caminante encuentra la playa sin mar, pero hoy, además, está también seca.

24 mayo 2009

Desahogos: vida civil

¿Hay vida fuera de los partidos políticos? ¿Se puede expresar libremente una opinión, si afecta al partido que domina el medio?
El poder por propia naturaleza, ¿tiende a ser totalitario?
¿Para cuando una sociedad civil no mediatizada por los partidos? ¿Cuando dejaremos las banderías? El espectáculo de los aplausos a los propios ladrones por los simpatizantes del partido correspondiente ¿hasta cuando será?
He conocido épocas de poderes absolutamente totalitarios. El cura del pueblo llegaba a controlar los accesos a la playa y la entrada en el cine, por poner dos ejemplos a mano.
En el primer caso, las playas se separaban por sexos y en el segundo, cuando la película estaba catalogada con tres R (qué sería eso), el cura se colocaba frente al cine y después repartía la comunión según el caso.
Si en parte nos hemos librado del poder asfixiante de la Iglesia, muy a su pesar y no sin batallas diarias, basta con recordar a los obispos con visera en forma de gorrilla saliendo a la calle a protestar. ¿Para cuando la sociedad civil tendrá vida propia independiente de los partidos?. No se interprete estas ideas como apolíticas o falsamente independientes, bastante sufrí esas posturas durante la dictadura.
Estoy pidiendo una sociedad sin banderías y si me apuráis sin banderas. Como me decía mi admirado Don Jorge Guillen en su casa de Málaga: ¿Patria? ¿Cuantos muertos?
Una sociedad en la que no sea excluyente el o estás conmigo o estás contra mi.
Una sociedad en la que se puedan expresar ideas políticas sin ser inmediatamente catalogado en un bando o en otro.
Una sociedad civil no subvencionada ni mediatizada por el partido de turno. Pueblos donde cualquier prensa o revista no esté dominada por uno u otro partido. Medios donde expresar libremente las ideas sin temor a la censura. En fin, una sociedad donde los poderes estén equilibrados y se pueda caminar libremente sin coacciones.

21 mayo 2009

Gulpiyuri. Dos versiones




El espino blanco se inclina a mirar sorprendido el arenal, tan recoleto, que parece de juguete. El agua quiere salir de su estrechez, y de vez en cuando, rota en blanca espuma, asoma por la abertura de la cueva alcanzando la playa.
Si, es una playa. No se divisa la mar, pero el agua es salada y rompe con fuerza a través de la oscuridad, buscando su querencia de arena. Poco a poco con la ayuda de la marea, va conquistando el espacio y forma una laguna de agua trasparente.
Ya tenemos una playa completa, con agua donde nadar plácidamente y arena para tomar el sol. Sólo nos falta la mar, a cambio tenemos los campos y prados que la rodean y le dan ese aire extraño, como si la hierba cansada de verde se hiciese blanca un momento.
Es Gulpiyuri, incluso su nombre tiene resonancia a algo distinto, especial, como de un cuento en idioma ancestral, anterior al castellano.


En las calizas del carbonífero superior que forma el karst costero de la rasa de Llanes, existen infinidad de galerías que comunican con el mar; algunas tienen pozos por donde asciende el agua marina dividida en finisimas gotas y forman los conocidos bufones; otras, como es el caso de Gulpiyuri, se desplomaron formando una dolina, que al comunicar con el mar origina una playa en la depresión.

Fotografias: playa de Gulpiyuri, Llanes.

18 mayo 2009

Luz del norte




Esta lenta luz del norte, entreverado el sol por las nubes, que refleja suave el gris-verde de la roca en la montaña. Este atardecer en el llano, al pie de la peña, rodeado de prados verdes y manzanos. Unos blancos, luminosos por la flor y otros, ya cargados de promesas de frutos. Un juego de verdes, cambiantes en cada planta, a cada luz.
El aire queda en calma, no mueve ni las nubes de la piedra, como si estuviesen atrapadas por la querencia de la altura.
En el horizonte, la tarde se extiende poco a poco, tan suave, que la luz parece detenida entre el verde de la hierba y ese espacio de cielo sin nubes. Sobre las encinas el contraste de luz es mayor, a lo lejos se ven casi negras y sus perfiles recortan el azul claro del trozo de cielo despejado.
Esta luz de la tarde, que cada día es diferente. Unas veces se ilumina el cielo de levante, como si el sol fuese a nacer momentos antes de morir. Una luz extraña por imprevista, una luz rojiza al Este, un atardecer como si fuese un amanecer; es otro sol que quisiera quedar aquí entre nosotros. Otras veces, no hay duda, el sol se pone, en un cielo azul claro con tintes rojos, por la mar de poniente; se retira sin batalla, es sólo una despedida a calentar otros prados, allá en las Américas.
Este sonoro eco de las esquilas en la peña, a veces un repique de ovejas, otras la melodía de los cencerros de las vacas y desde hace un tiempo el alegre canto del trote de los caballos.
Quisiera poder retratar los cambios del verde, en esta tarde tranquila, después del orballo de la mañana. El amarillo claro del prado recién segado, refleja una luz distinta al verde de la hierba más alta; los fresnos se distinguen de los nogales con un tinte marrón en sus hojas tiernas, el verde de los manzanos nada tiene que ver con el color oscuro de las encinas y esta luz tamizada, es distinta a la del medio día, cuando el sol calentaba.
Estas tardes embriagadoras de verde, en espera de un culín de sidra compartido con los amigos, son tardes de antiguo soñadas, sueños de otras tierras en el sur, hoy cumplidos en este norte del alma.

Fotografía: Llabres desde la escuela de Piedra, Llanes.

16 mayo 2009

Desde mi ventana



Hoy el prado está distinto, tiene una tranquilidad que parece nueva y no sabría explicar la causa.
Esta mañana, muy temprano, revoleteaban las gaviotas en la parte de prado recién cortado, pero ahora sólo se ve el verde de la yerba, el blanco de los manzanos en flor y al fondo, el oscuro de los perfiles de las encinas entre el verde claro de algunos fresnos.
Hecho de menos algo y ahora que pienso, faltan las ovejas que todos los días pacen frente a la ventana. ¿Donde andarán hoy? está ocupado el pastor en otras faenas y las trae más tarde, o fueron a visitar otros prados lejos de aquí.
Ahora veo las cinco cabras, que a todas horas están andando de aquí para allá, no paran de correr, tienen querencia por un montículo de tierra. Es de una tierra recién removida y aún no ha crecido la hierba sobre ella. !Qué razón tiene el que les puso el apelativo de locas! !Qué verdad es que la cabra tira al monte! Con la de yerba que tienen para pastar, les encanta pasar el rato subiendo y bajando del montículo. En realidad son cuatros cabritos y una cabra los que corretean entre los fresnos y no paran, tienen tanto verde a mano que no se preocupan por la comida. Qué distintas a las cabras de mi pueblo, allá en Andalucía, que no levantan la cabeza del suelo buscando una brizna.
Cuando pequeño teníamos una cabra en casa, que nos daba la leche diaria. Al pasar el cabrero con la piara por la calle, ella salía y se incorporaba a la manada. Estaba todo el día en el campo y a la tarde, al volver al pueblo, ella sola dejaba la piara al llegar frente a la puerta y entraba directa a la cuadra. No nos daba ninguna guerra, con ponerle un puñada de habas secas se conformaba.
También es cierto, que el viejo tira de los recuerdos, cuando en realidad, hoy tocaba sólo hablar de la vista desde la ventana. Dejaremos para otro día la historia de Liebre, que así se llamaba mi cabra.

Fotografía: Piedra (Llanes).

11 mayo 2009

Ventanas de Llanes


¿Os habéis fijado? Hay una ventana distinta, oscura, sin visillo. ¿No temerán que les vean desde la calle? o ¿es de una habitación desde donde pueden mirar sin ser vistos?
Porque los visillos ¿para qué sirven? ¿para que no te vean o para mirar sin ser visto?
Las otras ventanas parecen recatadas, pero esta negra, y sin saber si da a un cuarto oscuro o es que está pintada de negro, parece provocativa. No puede ser un dormitorio, sería en todo caso de un crío, ¿de una pareja? Imposible. Hay momentos de intimidad que es preferible compartir sólo entre dos.
Y desde las ventanas con visillos, ¿qué se ve?
¿Qué habrán visto esas ventanas este año pasado?
No quiero preguntar en los cientos de años transcurridos, me conformaría con la única historia del año pasado. Por ejemplo cuando la boda de Eulalia ¿vino el hermano ese que discutió por la herencia del prado en Lledías? y cuando el funeral de Paulino ¿acudieron los hijos de su otra familia de Pendueles? y el día de San Roque ¿quién iba al lado del cura? ¿la alcaldesa o el capitán de la guardia civil?
En otro momento intentaremos averiguar lo que comentaban los viandantes al ver las ventanas cerradas el día del Corpus. La historia es muy vieja, viene de lejos, de cuando a Gertrudis le negó el cura la comunión, por irse a vivir con el padre de sus hijos. Pero ya digo, no queremos entrar en detalles, cada año la historia se va agrandando y no sabemos muy bien por donde va.

Fotografia: Llanes (Asturias).

09 mayo 2009

Al fresno de la puerta


¡Qué suerte tiene el fresno
de brotar con fuerza renovada!
En días se cubrió de hojas nuevas,
con el brío de otras primaveras.
Pasó bien la invernada,
olvidó los fríos de enero,
resistió al huracán y las nevadas,
con sus profundas raíces en tierra
mantuvo fuerte las ramas.
Ya da cobijo al mirlo y al jilguero
y buena sombra a la casa.
¡Qué envidia del fresno!
con sus hojas verdes cada temporada.
¡Qué distinto a nuestra vida!
soñando renovar recuerdos
de épocas pasadas.
Los pájaros ya volaron del nido,
encontraron nueva morada;
es ley de vida, dicen.
¡Quién fuera fresno y acoger nuevas nidadas!

Fotografía: fresno en Piedra. Llanes.

05 mayo 2009

Prohibido, prohibir


Fotografía tomada el 2 de Mayo, durante la feria de Abril de Sevilla, a orillas del rio Guadalquivir por Miguel Bueno.

28 abril 2009

La puerta quedó abierta




La puerta quedó abierta. El día que salió para hacer las Américas no la cerró.
Estaba cansado de ver a su Dolores bajar cada dos viernes al mercado de Posada, para intentar vender los cuatro huevos que las gallinas ponían en 15 días; pero más le dolía que sus hijos no pudiesen comer los tortos con huevos. El dinero de la venta era el que les sacaba de un apuro: renovar una guadaña, comprar unos pantalones a Miguel, que crecía como un descosido, o pagar la consulta al médico de María cada vez que le entraba esa fiebre que parecían tercianas.
Todas las noches soñaba con un mundo sin tantas privaciones para los suyos; hasta que no pudo más y se atrevió a contárselo a Dolores. Escribiría a su compadre Paulino para que le enviase un propio con el que poder pasar fácilmente los tramites de inmigración en la aduana.
No estaba cansado de la rutina de ver salir el sol por el Turbina y esconderse tras el Mazuco, camino de otras tierras; tampoco le temía al invierno, con esas noches tan largas pegado a la chimenea; ni a la escarcha de la mañana, cuando tenía que romper el hielo en el agua del barreño, para lavarse la cara.
Los días con su Dolores eran tranquilos, no podía tener queja. Ella mantenía la casa limpia como los chorros del oro y a él nunca se le olvidaba un detalle para recordar el día en que se conocieron allá en la romería de Posada la vieja, por San José. Unas veces le compraba unos pendientes de plata y otras un pañuelo bordado para la cabeza.

Parece que lo estoy viendo, era una noche de finales de invierno pero no hacía mucho frío. El camión estaba aparcado en la plaza, con un toldo a dos aguas como de tienda de campaña, ya habían cargados los cuatro bártulos y la gente se arremolinaba alrededor.
No se distinguía bien quien hacia las Américas y quien se quedaba en el pueblo; los abrazos y lamentos se repartían por igual por toda la plaza. Eran varias las familias que emigraban a la vez para aprovechar el viaje al Musel en el mismo camión, después, cada una tomaría su rumbo según la parentela que las hubiesen reclamado. Unos embarcarían en el carguero de la Habana y otros hacia Buenos Aires. La familia de Miguel se quedaba en Cuba. Miguel quería conocer las ceibas. Su compadre le había contado que las ceibas eran unos árboles cubanos, con una sombra como la de diez de sus fresnos en verano.

No había cerrado la puerta pensando que la casa sirviese de refugio en esos días en que el “gallego” no dejaba de regar la hierba.
Ya no habría quien usase su guadaña, la hierba crecería a su ser, pero quizás le viniese bien a los corzos que se habían acostumbrado a bajar al prado al atardecer, cuando las ovejas les dejaban el campo libre.
Lo que no podía imaginar es que la techumbre no resistiese el embate del tiempo. Cuando la levantó su padre, las vigas de roble las había cortado en la menguante de enero y él mismo le ayudó siendo chaval.
Hoy sólo quedan en pie los dos fresnos que plantó con su abuelo, y brotan con la misma fuerza en primavera, como cuando con Dolores soñaba otro mundo mejor para los suyos.

Miguel Bueno
Fotografía: majada en el Alto del Mazuco (Llanes). Miguel Bueno.

17 abril 2009

Desahogos

Los aires de otros mares han roto las sombras que deja el viento.
El viento de otros tiempos no se parece al de estos días, no es el mismo aire. Aquel aire de levante que levantaba olas donde yo corría, no se parece a este poniente tranquilo.
¿Será distinto el aire por venir de levante o poniente? ¿Será distinta el agua en cada mar de mi vida? ¿Seré yo el mismo que era? Me siento el mismo, pero a veces la gente me ve diferente. ¿Cambia la gente o cambia el aire con que miran? ¿Seré en verdad yo otro y no me reconozco o han cambiado ellos y me ven con otros ojos?
Encuentro el mismo aire, veo igual la lucha de las olas por llegar a tierra, impotentes, rotas en espuma blanca. Espuma que al recoger en las manos deja de ser blanca. ¿Me habrá ocurrido a mi lo mismo y lo que era, ya no es?.
Sigo caminando por otros mares; el aire y el agua parecen distintos. ¿Será al contrario, el aire y el agua los mismos, y yo, el que ya no soy?
Este cambiar y ser el mismo ¿no es algo contra natura? El viento que pasa, no es el mismo que el que llega, aunque parezca igual. La misma frescura, el mismo aliento, pero si pasó, no vuelve a pasar. ¿Qué fueron de mis años, pasaron o han quedado en mi?
Recuerdo tardes sin viento, en otros años pasados.

14 abril 2009

Aires de otros mares



Los aires de otros mares han roto las sombras que deja el viento, y en los rincones abiertos se escuchan rumores añejos.
Hoy puedo oír la brisa de aires lejanos, de otros tiempos, como si el viento fuese de hogaño.
El aire que trae olor a marismo mezclado con hierba recién cortada, en estos mares del norte, me deja aromas de caña dulce de mis otros mares del sur, cuando niño.
Las mismas olas luchan igual por alcanzar la orilla y se deshacen en espuma blanca, unos días jugando al escondite con la arena y otros a la brava.
El agua es el mismo agua y el azul es el mismo azul. El sol sí parece que ha hecho las paces, y ahora me deja tranquilo que pasee mis años por la orilla de la mar.
Allí era el viento de poniente el que dejaba correr las olas y abrir el horizonte; aquí el noreste quita la barra y hace la mar más grande, como queriendo mostrar otras tierras tras el agua.
Los mismos barcos de vela pasan sin tener en cuenta a la gente de secano, surcan el mar sin contar con la tierra; su mundo es otro mundo y navegan sin mirar la sierra. En realidad la sierra es la misma, al sur la Almijara y aquí el Cuera, pero el mismo color de la caliza; un verde de hierba o de pinos, las diferencia levemente.
Allá era yo niño y ahora son niños mis nietos. Antes jugaba con las olas y ahora lo hacen ellos, pero el olor a marismo me llega igual de dentro y sigo buscando el mismo agua en los pozos que hacemos en la arena de la playa.

Fotografias de Toranda (Llanes) y Chorrillo (Nerja).

29 marzo 2009

Llueve a lo lejos en la mar


Llueve a lo lejos en la mar.
La ola se deshace impotente en diminutas burbujas de aire. El mar enfurecido se cubre de espuma. Toda su fuerza queda reducida a un manto blanco, como de leche derramada. El sol quiere buscar un hueco entre las nubes para mirar qué es de tanta bravura, y se retira al comprobar que todo fue nada, que hoy ni la mar está bravía, ni las olas levantan sobre el malecón la espuma blanca.
A lo lejos llueve; una nube despliega su cortina gris sobre la mar. Por fin los peces probarán el agua dulce, disfrutarán el cambio de tanta monotonía salada, no envidiarán a los salmones que tienen la dicha de remontar el Sella para bañarse en sus aguas cristalinas, lejos en la montaña, entre hayas y castaños.
No se otea ningún velero en el horizonte. Hoy quedaron al pairo en la ría, soñando otras singladuras. Hace años, ponían proa a poniente y surcaban los mares para llegar a tierras de ultramar, buscando un nuevo porvenir, allá dónde descansa el sol. Otras veces, salían a alta mar en el Cantábrico para volver a puerto con las ballenas capturadas.
Otros tiempos, otros mares, otras rutas olvidadas.
La misma luz de la tarde, en Ribadesella, a finales de invierno.

Fotografía: atardecer en Ribadesella. Asturias