13 julio 2016

San Diego, empedrada . Granada.



En la casa de doña Carmen de la calle San Diego, tuve mi primera residencia de estudiante universitario, quizás sea algo subido de tono llamarla residencia, mi habitación era tan frugal que como mesa de estudio, usaba una tabla entre la almohada y la mesita de noche. Si tenía algunos lujos, los sábados, doña Carmen calentaba un cubo de agua y me daba una refriega en el barreño. Después, cuando al año siguiente me mudé con doña Ángeles, en calle Elvira, perdí esos lujos y para lavarme tenía que ir al Polideportivo del Camino de Ronda. Tras dar varias vueltas corriendo al campo de deporte, para entrar en calor del pleno invierno granadino, podía darme la refriega con el agua fría de sus duchas.
En san Diego, convivía con dos paisanos malagueños que estaban acabando la carrera de Químicas. En esos años, yo era muy aficionado a la telepatía y usaba a los compañeros para mis prácticas. Recuerdo que un día, trasmitiendo el pensamiento de uno al otro, usaba un truco para no fallar la transmisión. En un momento, tuvo que ausentarse el compinche y me quedé blanco cuando seguí transmitiendo sin ningún fallo.
Por aquella época, era normal pregonar todo tipo de mercancías a viva voz por la calle. Sobre la misma hora, casi todos los días, oía pregonar ¡ mier…daaaa!
Un día y el siguiente con la misma retahíla y mi mosqueo en aumento. No podía imaginar que se vendiese “mierda” por la calle. Hasta que un día bajé y afinando el oído y la vista, comprobé que vendía “miel de caldera” Era miel de caña de azúcar de Frigiliana, pero con la “a” tan larga que solo se oía la sílaba inicial y la a terminal.
Ya podéis imaginaros cómo eran nuestros almuerzos, no variaron mucho en toda mi vida estudiantil. Si puedo comentar que un día doña Carmen preguntó a voces, desde la cocina : ¿ A quien les gustan los muslillos ? Mi paisano Pepe, me quitó la vez ¡ A mí, a mí ¡ En ese momento salió doña Carmen y le soltó en el plato las patas de la gallina con uñas y todo. Pepe, quiso pasarme tal manjar, para no quedarse sin comer la sopa, pero claro, me negué. Él, que había sido tan rápido, que apechugase con las consecuencias.
Aunque la diferencia de edad era grande, ellos estaban en 5º de Químicas y nosotros haciendo el Selectivo de Geológicas, a veces salíamos de tapeo por Granada. Pepe era un extraordinario cantaor de flamenco, aún recuerdo, con los vellos de punta, sus cantes por los bares del Realejo granadino.
Algunos años después, ya de profesores, coincidimos con nuestro compañero Pepe. Se había casado con una vecina de san Diego, para mi fue una sorpresa, habían llevado tan de incognito el noviazgo que no me había enterado de nada.
Ayer me confirmaron ( este mundo de internet ) que la calle san Diego sigue con su empedrado. Fue una noticia muy agradable, en estos tiempos, cuando el asfalto lo invade todo, el que se mantengan las calles con su empedrado antiguo es de agradecer, aunque las mocitas lo sufran con sus tacones.

Miguel Bueno.

 

      Nuestra amiga Selene Rodriguez acaba de enviarnos una fotografía de calle san Diego


No tiene el empedrado de nuestra juventud, pero el adoquinado calizo queda bien.


1 comentario:

ñOCO Le bOLO dijo...


Dos bonitas fotos, Miguel, pero lo mejor, esas vívidas memorias...
¡que tiempos aquellos!

Un abrazo

· LMA · & · CR ·