30 abril 2017

Ruta Transcantábrica. Posada-Oviedo



Salimos de Pacanda para la estación de Posada  a las 7,30 de la mañana con 4º C, sin escarcha en el prado, pero con hielo en el parabrisas, cosa que no veía desde mis años antequeranos.
A las 7, 52 con extrema puntualidad subimos al tren. Los coches muy limpios, con calefacción suficiente, sin agobiar. Pudimos elegir asiento a placer, solo otros dos viajeros nos acompañaban en los dos vagones.
Nada más salir, dimos con la mar en San Antolín que nos sorprendió por su cercanía, pareciese que íbamos directo a la playa.
Al parar en la estación de Nueva, pudimos ver el pueblo de tan bellas viviendas, aún dormido en el fondo del valle.
Pronto caminamos al lado del Sella que parecía un lago tranquilo. La estación de Cuevas, un puro juguete, entre sus azules y amarillos.
Hasta Arriondas, un disfrute de prados cuidados con sus árboles cerrando el horizonte.
No quise ver los montes negros de tanto incendio, estaba dispuesto a disfrutar del viaje pese a quien pese.
Desde Arriondas, entramos en la Asturias interior. Un dolor de campos abandonados y viviendas en ruinas. Las que estaban de mejor ver, con carteles de “Se vende”. Las pocas pomaradas, aunque querían florecer, dejaban ver el abandono de sus dueños. Campos mustios. De vez en cuando algún caballo perdido en los amplios pastizales. Casas enormes que fueron algún día ilusión de sus dueños y hoy tan perdidas como ellos, quizás en otras tierras lejanas que le puedan dar de comer.
Algunas estaciones cuidadas , pero la más, reflejo del abandono de todo: campo, casas, apeaderos, bosques y matorrales.
La temperatura iba subiendo con el caminar del tren y al llegar a Oviedo, un día esplendido de primavera con 20 grados.
Un disfrute caminar por Oviedo. En la plaza frente al teatro Campoamor, nos recibieron con las gaitas y tamboriles de un grupo de baile. Todos los sábados de primavera y verano, vienen a danzar grupos de toda Asturias.
En Oviedo, aún se observan las heridas de la crisis, con muchos locales en venta o a traspasar, pero la belleza de su casco viejo con las balconadas repletas de geranios en flor  y sus mercadillos callejeros pregonando a viva voz sus mercancías dan sabor al visitante.
Como la tarde era muy agradable, nos fuimos a descansar entre la arboleda del Parque San Francisco.
Puntual, a su hora salimos en el viaje de vuelta con unos vagones que parecían a estrenar, para llegar entre dos luces a Posada, a la hora prevista.
Por 8,20 euros de ida y vuelta, no podemos pedir nada más al Feve. Nos permitió un día maravilloso en Oviedo.

Piedra














4 comentarios:

tecla dijo...

No puedes decir que no has viajado, que no has vivido.
Benditas vivencias las de tus fotografías.

Miguel Bueno Jimenez dijo...

Gracias Soco.
Ya se hace lo que se puede, mucho menos de lo deseado. Imagina las ganitas de visitar la Pacanda mexicana.

Expresiones

Piedra

tecla dijo...

Con la imaginación también se vive.

ñOCO Le bOLO dijo...

·.
Ya me encantaría hacer ese viaje. Lo describes de tal manera que es una maravilla.
Las fotos, como siempre, llenas de vida y color.

abrazos MyM

· LMA · & · CR ·