19 marzo 2016

Soledad de dos y el mar

 
 
Esta tarde encontré esta maravilla cuando caminaba por los acantilados.
No había nadie, en kilómetros a la redonda, y allí estaban ellos. En la soledad tan grande de los dos juntos, frente a la mar.
Y si fuera poco, el quita vientos de colores a rayas, por si un causal, le da por llegar al “gallego”.
Imagínate sentarnos juntos, a mirar el mar, mientras vamos recordando la vida, nuestra vida vivida:
Aquella tarde cuando tuve tus manos entre las mías.
La mañana en que me entregaste el primer beso. ¿No recuerdas?
Aquel día en la playa, jugando a correr por la arena. Nos caímos y no podíamos levantarnos de tanta dicha.
Y los días de mar en calma, cuando no nos cansábamos de nadar, hasta perder de vista la orilla.
Otros días de recorrer de playa en playa, con toda la pandilla, desde el Chorrillo a Burriana, entre tajos, sorteando las olas.
Tantas tardes sentados en el Bacón de Europa, mirando la mar, ajenos al ir y venir de la gente. Contando historias sin fin.
El día, cuando el cura nos echó de la iglesia y fuimos tan felices. ¡Qué liberación de tantas falsas ataduras!
Y ahora tanta dicha de mirar la mar, sin prisa, con toda la calma y todo el tiempo para nosotros. En esta inmensa soledad de los dos juntos, y el mar.
Un nuevo mar que ahora nos acoge sin pedir nada a cambio y nos deja contarle nuestra vida por vivir.
Miguel Bueno.

5 comentarios:

tecla dijo...

Me gusta el mar, como me gustan las montañas, Piedra.
Dicha feliz del tiempo que nos toca.

ñOCO Le bOLO dijo...


Genial regresos a tan sabrosos recuerdos. La imagen es de por si suficientemente evocadora. El paisaje es tan bello como bella es tu costa asturiana. Y la imagen... me encantará llegar a ser como ellos, sentados ante la naturaleza... sin silla ni sombrilla.

Un abrazo MyM

· LMA · & · CR ·

BEATRIZ dijo...

No sé que saboreo mejor, si la vista que tomaste, o la que tomaron tus recuerdos. Ese tenial atajo a la dicha.

Feliz tarde,

gladys dijo...

Qué lindos recuerdos... eso es vida, amigo.

Miguel Bueno Jimenez dijo...

Vamos soñando caminos de la tarde, querida Gladys.

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