El halcón de San Martín
El halcón peregrino otea el mar, se sorprende por el ritmo incansable de las olas, que unas veces se preparan extendiendo un manto de espuma blanca, como pidiendo permiso a la arena para poder llegar a tierra, y otras, directamente, se acercan a las rocas levantando al cielo su blancura, haciendo exhibición de su fortaleza.
El peregrino ha dejado un momento la tierra a los caminantes de Santiago, se asoma a la mar, reconoce que está bella, ni enfurecida a lo bravo, ni vencida impotente ante la inmovilidad del acantilado. Hoy parece querer hacer las paces con el arenal y extiende lentamente el agua a sus pies sin osadía, sin molestar.
El ave no levanta el vuelo, no necesita elevarse para guardar su territorio, tranquila, se sabe dueña del espacio entre el mar y la tierra, nadie le disputa su reino. Vendrán otros días en que otros “pájaros de ciudad” querrán compartir tanta belleza y no tendrá más remedio que refugiarse en sus cuarteles de verano, allá en lo más alto de la sierra, pero ahora la playa está desierta.
Fotografía: arenal de San Martín (Llanes). Miguel Bueno